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Una cámara, 21 días, 1,6 millones de fotos: unos hackers arrancaron una cámara de Flock de un poste y leyeron su disco

Un colectivo de hackers arrancó una cámara lectora de patentes de una ruta, copió lo que había adentro y se lo entregó a periodistas. Los registros muestran qué recoge en realidad un solo aparato en una sola calle.

En algún punto sobre una ruta, una caja pequeña con un procesador de gama de celular fotografiaba cada auto que pasaba. En 21 días de registros recuperables capturó unos 50.200 vehículos y cerca de 1,6 millones de imágenes — alrededor de 3.300 autos en un día normal, 4.454 en el más movido. Eso es una sola cámara. Flock Safety las tiene repartidas por todo Estados Unidos.

Un colectivo que se hace llamar stegan0gram desmontó una, hizo una copia casi completa de su almacenamiento y compartió los archivos con 404 Media y WIRED, además de la organización de transparencia Distributed Denial of Secrets. Flock siempre describió sus cámaras como protegidas por cifrado en el propio dispositivo. Los hackers encontraron una partición sin cifrar llamada «media» que contenía una clave de cifrado — y esa clave abrió videos de miles de detecciones de vehículos.

Qué significa

Acá está la parte que casi todos entienden mal sobre estas cámaras. Suelen describirlas como lectoras de patentes, como si solo vieran la chapa. Pero el software del dispositivo detecta personas de forma explícita — además de vehículos, patentes y bicicletas — y cuando encuentra a alguien registra en qué parte del cuadro aparece y con qué nivel de confianza. WIRED extrajo los modelos de detección de los propios archivos de la cámara, los probó con material de prueba, y detectaron personas sin problema, incluida una selfie de un periodista.

La cámara no piensa mucho por sí sola. Cuando algo se mueve, dispara una ráfaga de fotos — unas 28 para un auto típico que pasa, más de 100 en algunos casos — con distintas exposiciones para captar tanto la patente como la escena completa, después recorta los cuadros útiles y los manda a Flock por la red celular. La lectura de la patente, el color, la marca y el modelo parecen procesarse en los servidores de Flock, no en el poste. El poste es solo el ojo. La memoria vive en otro lado.

Y esa memoria se comparte de manera amplia. En Alpharetta, Georgia, WIRED encontró que los registros de las cámaras de Flock de la ciudad eran accesibles para más de 2.000 organismos — departamentos de policía, universidades, aeropuertos y, sin explicación clara, la Oficina del Inspector General de la Administración de Servicios Generales federal. 404 Media ya había revelado que policías locales hacían búsquedas en esa red nacional en nombre del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), incluso en lugares que prohibían cooperar con autoridades migratorias o enviar datos de patentes fuera del estado. En otro caso, un policía de Texas buscó en cámaras de Flock de todo el país a una mujer que se había practicado un aborto por su cuenta.

Una cámara sobre tu calle no es una cámara sobre tu calle. Es un buscador, y más de 2.000 desconocidos tienen el teclado.
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La máquina también es más chapucera de lo que sugiere el marketing. Su detector de patentes a veces confundía calcomanías de parachoques, marcos de concesionarias y otros gráficos con chapas, y los recortaba como si lo fueran. En un video de una moto que pasaba, recortó un parche con una bandera estadounidense en la alforja del conductor. En 27.321 clips cortos guardados en el dispositivo, los modelos encontraron personas en apenas 11 — todos motociclistas, probablemente porque la cámara apunta hacia abajo, hacia el tránsito, donde casi no caminan peatones. Sobre reconocimiento facial, WIRED y 404 Media no hallaron evidencia de que se usara más allá de lo que trae Android por defecto, y eso no parecía estar activado ni en uso.

A quién le afecta

Cualquiera que pase manejando frente a una de estas cámaras camino al trabajo — que, en gran parte de Estados Unidos, es prácticamente todo el mundo. También golpea a quienes tienen razones para esconder sus movimientos del Estado y no de delincuentes: el caso del aborto y las búsquedas migratorias son los dos ejemplos documentados, y en ninguno se sospechaba del dueño del auto de nada. Si tienes veintipico y estás decidiendo dónde vivir o para qué estudiar, fíjate en la parte más silenciosa: el mercado laboral de la vigilancia hoy corre sobre una caja con un procesador de gama media y unas 20 aplicaciones. Construirla, auditarla, romperla y discutirla en reuniones de vecinos son rubros que crecen. Y si tienes una moto con un parche en la alforja, ya hay una computadora que lo archivó como si fuera una patente.

Qué viene ahora

Dos hilos para seguir. Primero, los hackers dicen que van a publicar cómo consiguieron el software, con la esperanza de que otros repitan la jugada — así que la prueba real es si aparece una segunda cámara desarmada. Segundo, la posición de Flock ya quedó registrada: cuando el investigador de seguridad Jon «GainSec» Gaines hizo ingeniería inversa de uno de sus lectores a comienzos de 2025 y documentó fallas que permitían acceso a nivel raíz, la empresa las reconoció pero les restó importancia, diciendo que un atacante «de todos modos no podría acceder a las imágenes». Esta filtración sí recuperó imágenes. La fuente no da plazo, ni audiencia, ni regulador — y nosotros tampoco lo vamos a inventar.

Un detalle para no soltar

Algunos pueblos ya anunciaron que van a sacar por completo las cámaras de Flock. Un departamento de policía hizo lo contrario e imprimió en 3D una carcasa falsa de cámara para atraer vándalos. Las dos reacciones nacen de la misma pregunta, y no es técnica: ¿quién decide qué está mirando tu calle?

Fuentes: WIRED, «Hackers Got Inside a Flock Camera. Its Data Shows How the System Really Works», 16 de septiembre de 2026 (investigación en conjunto con 404 Media)

Por qué lo publicamos8/10

Una sola cámara en una calle grabó 1,6 millones de imágenes de 50.000 autos en tres semanas — y sus datos están disponibles para miles de organismos en todo el país, incluidos los que buscaron a una mujer después de un aborto.

Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos  ·  correcciones

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