Loudoun County bajó el impuesto a la propiedad un 30%. Sus vecinos siguen peleando contra los centros de datos
Dos de cada tres estadounidenses ya dicen que no a un centro de datos cerca de su casa, incluso quienes usan IA todos los días en el trabajo. NPR pasó semanas en los puntos calientes, y lo que trae de vuelta es más raro que una simple historia de protesta.
En Sterling, Virginia, hay un edificio llamado Vantage VA2. Está pegado a viviendas y funciona con ocho turbinas de gas natural. Los vecinos dicen que las turbinas producen un zumbido bajo y constante, con un silbido agudo encima, y que se volvió la principal fuente de quejas por ruido en los barrios de alrededor. Una vecina, Kasey Hatch, construye infraestructura de IT para un banco y usa IA en su trabajo todos los días. También armó un tablero para que la gente pudiera ver los niveles de ruido medidos cerca del sitio.
Ese detalle resume toda la historia. Scott Neuman, de NPR, viajó a los puntos calientes de los centros de datos y habló con decenas de activistas, políticos, desarrolladores y vecinos comunes. Una encuesta de The Economist y YouGov a casi 1.600 adultos encontró que dos tercios de los estadounidenses se oponen a la construcción de nuevos centros de datos en sus comunidades. Y casi todos los que NPR entrevistó y se oponen admitieron que igual usan IA en su vida diaria.
Acá está la parte que no encaja en la historia habitual de protesta. Loudoun County no pierde plata con los centros de datos. En el año fiscal 2026 generaron unos 1.200 millones de dólares en impuestos a la propiedad, casi el 39% de todo el presupuesto del condado. El condado confirma que bajó la tasa de impuesto a la propiedad real cerca de un 30% en la última década gracias a esa plata, y también bajaron los impuestos a los vehículos. La gente se opone a construir en un lugar donde la industria viene achicando, con números concretos, la boleta de impuestos.
Así que la plata sola no compra tranquilidad, y ese es el hallazgo que vale la pena llevarse. Darrell West, de la Brookings Institution, dice que los centros de datos "le dieron vuelta a la política tal como la conocíamos": va más allá del clásico "no en mi patio" y llega al miedo de que la tecnología misma esté fuera de control de cualquiera. Sumale el secretismo: NPR reporta una proliferación de acuerdos donde los funcionarios electos firman cláusulas de confidencialidad. Un cheque que podés ver más un contrato que no podés leer es igual a desconfianza.
Una boleta de impuestos más baja no compensa un ruido que no podés apagar, en un contrato que no te dejaron leer.
La mecánica política es lo que hace que esto se expanda. Chris Borick, politólogo de la Universidad Lehigh, lo dice sin vueltas: "Si estás en el poder ahora mismo y te toca lidiar con este tema, tenés un blanco pintado en la espalda". Las alianzas no siguen las líneas de partido: Hatch se encontró de acuerdo con su primo, republicano de toda la vida, sobre los centros de datos, después de años de no coincidir en nada. Cuando un tema divide a los dos partidos por dentro, los que están en el cargo no pueden esquivarlo con maniobras de siempre. Tienen que tomar partido a nivel local, y alguien va a competir contra ellos por esa decisión.
Cualquiera que viva a la distancia en que se oye un sitio ya aprobado: ruido, demanda de electricidad y, en zonas secas o de crecimiento rápido, uso de agua, son las quejas que escuchó NPR. Y también los veinteañeros y treintañeros que le escriben a un chatbot todo el día en el trabajo: Hatch lo hace en un banco, Nusheen Farahani dice que usa chatbots "a regañadientes" para simplificarse la vida, tratando de que no le terminen manejando la vida entera. Las máquinas que usan para trabajar son las mismas que se están construyendo en las afueras del pueblo, y la cuenta de eso, en impuestos, en electricidad, en ruido, se decide en reuniones del condado a las que casi nadie fue nunca.
Algo concreto para seguir: Juli Briskman, la supervisora del condado de Loudoun que lideró los esfuerzos para frenar el desarrollo de centros de datos, se postula para sacar del cargo a Phyllis Randall, presidenta de la junta y compañera del mismo partido, que defiende los centros por los ingresos fiscales, en las primarias del año próximo. Esa elección es una prueba limpia de si el rechazo se convierte en votos. Randall no respondió al pedido de comentarios de NPR. Más allá de esas primarias, no se dio ningún otro plazo.
El Data Center Opposition Report cuenta unas 640.000 personas activas en el movimiento, con 220 grupos nuevos formados en solo tres meses, de junio a agosto. Casi ninguno es antitecnología: usan la misma IA que usa todo el mundo. Se oponen a dónde se construye y a que los dejen afuera de la decisión. Son dos peleas muy distintas, y solo una de las dos se arregla con una rebaja de impuestos.
Fuentes: NPR, "The data center backlash is reshaping American politics — one community at a time", de Scott Neuman, 21 de septiembre de 2026; encuesta citada: The Economist/YouGov a casi 1.600 adultos; Data Center Opposition Report.
Los centros de datos dejaron de ser un tema de ingenieros: dos tercios de los estadounidenses rechazan la construcción cerca de su casa, ya hay 640.000 personas activas en el movimiento de resistencia, y eso rompe las alianzas políticas de siempre justo antes de las elecciones.
Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos · correcciones