Dos Gran Bretañas, una sola red eléctrica: la pelea por los centros de datos se vuelve partidista
El líder del Partido Verde británico, Zack Polanski, quiere que el país deje de construir grandes centros de datos de IA. El gobierno responde que eso sería "un desastre para el empleo y la seguridad nacional". Detrás de los gritos hay un solo número: el 2,5% de la electricidad del país, camino a cuadruplicarse para 2030.
Las máquinas que responden miles de millones de consultas de IA cada día tienen que estar en algún lado. En Gran Bretaña están en naves sin ventanas, en lugares como Slough, y beben electricidad y agua sin parar. El 28 de agosto, Zack Polanski dijo que era hora de "pisar el freno a estos centros de datos que devoran energía y agua". Propuso una moratoria, un corte total a las construcciones nuevas, con una sola excepción: "centros de datos de escala local para la comunidad local".
El Partido Laborista dijo que no, y lo dijo rápido. Un vocero del gobierno: una pausa "simplemente mandaría la inversión y los buenos empleos al extranjero, dejando a Gran Bretaña dependiente de computación extranjera para procesar datos sensibles de salud y defensa". Ahí está todo el argumento en dos frases: empleo y seguridad de un lado, agua y facturas de luz del otro. Ya no es una pelea entre un pueblo y una constructora. Es una pelea entre partidos.
Los centros de datos usan hoy cerca del 2,5% de la electricidad del Reino Unido. Las proyecciones que se citan en esta discusión dicen que esa cifra se cuadruplica para 2030. Nadie está construyendo cuatro veces más red eléctrica en ese plazo, así que la electricidad tiene que salir de algo que ya existe, o de algo nuevo y sucio. El grupo activista Foxglove señala que algunas constructoras, cansadas de esperar turno para conectarse a la red, están planeando construir sus propias centrales de gas. Su codirectora ejecutiva, Rosa Curling, lo llama por su nombre: "un paso atrás profundamente alarmante en la acción climática".
La defensa del gobierno es acotada, y vale la pena leerla con cuidado. El Laborismo le dio a los centros de datos el estatus de "infraestructura crítica nacional", lo que suena a pase para saltarse la fila. Los funcionarios dicen que no es así: el estatus no otorga acceso prioritario al agua ni a la electricidad, y no pone automáticamente a los centros de datos por delante de los hogares en caso de escasez. También afirman que el consumo de agua de los centros de datos en Inglaterra es menos del 1% de todo el consumo de agua no doméstico. Las dos afirmaciones pueden ser ciertas y aun así dejar la pregunta abierta, porque el debate real es sobre 2030, no sobre hoy.
La pelea ocurre en medio de una de las peores sequías que ha vivido el Reino Unido en años. Esa coincidencia de calendario pesa en política más que cualquier proyección.
Y acá está la parte que cruza fronteras. La política de centros de datos ya es un tema central en las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos. En Escocia, se dice que el gobierno del SNP va "acercándose a paso lento a una moratoria" por presión de los votantes, en un territorio que tiene de sobra tanto energía como agua. Ya hay conflictos locales desde Devon hasta Buckinghamshire, y desde Cardiff hasta Fife, por ruido, calor, tránsito y lo que una nave gigante le hace al precio de las casas. El reclamo dejó de ser abstracto.
A cualquiera cuya factura de luz ya sea la que da miedo abrir: ese aumento de cuatro veces para 2030 llega por la misma red a la que se enchufa la pava eléctrica de todos los días. A quien alquile o esté tratando de comprar cerca de Devon, Buckinghamshire, Cardiff o Fife, donde los vecinos ya expresaron temor por el ruido, el calor, el tránsito y el impacto visual en el precio de las viviendas: que se levante un centro de datos cerca ahora afecta cuánto vale tu calle. Y a quien esté evaluando una carrera en IA o tecnología en el Reino Unido: el propio argumento del gobierno es que frenar esto manda "la inversión y los buenos empleos al extranjero". Cuántos son esos empleos, y si duran, nadie en esta discusión puso un número.
Hay dos cosas para seguir de cerca, y las dos aparecen nombradas en la propia disputa. Primero, Escocia: se dice que el gobierno del SNP va "acercándose a paso lento a una moratoria"; si de verdad la declara, Gran Bretaña queda con dos políticas de IA distintas al mismo tiempo. Segundo, el gas: Foxglove dice que hay constructoras planeando sus propias centrales de gas para saltarse la fila de la red eléctrica. Si esas solicitudes empiezan a aparecer, el argumento climático deja de ser una proyección y pasa a ser un expediente de obra. Ninguna de las dos partes puso fecha.
La frase más filosa de Polanski no fue sobre el agua. Fue sobre la palabra: "Para la mayoría de la gente, infraestructura crítica significa hospitales, agua, electricidad. No significa inteligencia artificial." El gobierno dice que ese rótulo no da prioridad a nadie en caso de escasez. O sea: es una etiqueta que no cambia nada, pegada a edificios que un partido dice que lo cambian todo. Una de esas dos versiones va a quedar mal parada dentro de unos años.
Fuentes: The Guardian (Robert Booth, editor de tecnología del Reino Unido), 28 de agosto de 2026 — "Labour rejects Zack Polanski's call to 'slam brakes' on building AI datacentres".
El debate sobre la moratoria de centros de datos en Gran Bretaña llegó por primera vez a la política partidaria, y todo se reduce a de quién sale la electricidad y el agua que consume la IA: hoy el 2,5% de la red eléctrica del país, y cuatro veces más para 2030.
Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos · correcciones