Monrovia, Indiana: 1.600 habitantes, 50 conversaciones, cero votos a favor
Google quiere construir un centro de datos de 550 acres en un pueblo de 1.600 personas. Un organizador tocó 50 puertas. Ninguna le dijo que sí — y varios de los que abrieron votaron a Trump y quieren saber por qué él está del otro lado.
Bryce Gustafson lleva más de diez años tocando puertas en Indiana. Normalmente, sea lo que sea que esté haciendo campaña, alguien le discute. En un festival en Monrovia, un pueblo rural de 1.600 habitantes, nadie lo hizo. Estaba ahí por un proyecto de Google: un centro de datos de 550 acres. De las 50 personas con las que habló, ninguna lo quería cerca.
Media docena se le acercaron con una versión de la misma pregunta: yo voté a Trump, ¿qué hace él apoyando esto? Esa pregunta ya está apareciendo en resultados electorales, y es la parte de la historia que las grandes tecnológicas no parecen haber calculado.
Tres de cada cuatro estadounidenses ya se oponen a que se construya un centro de datos cerca de donde viven — un giro de más de 30 puntos en un solo año. Más de 500 condados y municipios aprobaron prohibiciones o moratorias, y decenas de proyectos quedaron directamente enterrados. La opinión pública casi nunca se mueve 30 puntos en nada.
Eso cambia dónde está realmente el freno de esta construcción masiva. El dinero para estos proyectos existe. Lo que cada vez más no existe es un lugar donde ponerlos. Un centro de datos necesita terreno, agua y electricidad en un condado concreto, y ese condado ahora tiene un consejo que ya vio lo que le pasó al consejo de al lado.
Ya no es el dinero lo que frena esta expansión. Son los vecinos.
Los políticos ya empezaron a pagar el precio. El presidente del senado de Utah fue expulsado de su cargo por apoyar proyectos de gran escala. En Ohio, el demócrata Sherrod Brown construyó su campaña al Senado alrededor del apoyo del senador republicano Jon Husted a los centros de datos, y el comité republicano del Senado advirtió que "los centros de datos son el ancla que cuelga del cuello de Husted". El gobernador de Texas, Greg Abbott, que alguna vez llamó a su estado el "epicentro del desarrollo de IA", dijo la semana pasada que los centros de datos "cavaron su propia tumba". En Michigan, días después de que The Lever revelara que el candidato republicano al Senado Mike Rogers tenía millones invertidos en empresas de IA, Rogers respaldó una moratoria de un año.
Cualquiera que viva cerca de tierra barata, agua y una línea eléctrica — es decir, buena parte de la América rural y suburbana, y cada vez más cualquier otro lugar donde estos proyectos vayan a buscar terreno. También cualquiera cuya factura de luz comparta red con uno de estos sitios: los organizadores citados por The Guardian los describen como devoradores de agua y contaminantes del aire, y ese costo lo pagan los hogares, no los accionistas. Y cualquiera que tenga veintitantos años y esté apostando su carrera al boom de la IA: lo que frene esta construcción puede no ser una ronda de inversión que se cae, sino una sesión del consejo del condado un martes por la noche. Ben Inskeep, de Citizens Action Coalition, lo resume de una forma que explica por qué esto se propaga tan rápido: en la mayoría de los temas la gente llega con el lente partidista ya puesto, y en este no.
Hay que mirar la elección al Senado en Ohio, donde Brown convirtió el apoyo de Husted a los centros de datos en el centro de su campaña, y la elección a la Cámara en la zona de Lansing, donde William Lawrence, cofundador de Sunrise Movement, va adelante en un distrito que hoy tiene un republicano, según una encuesta reciente. Esos dos resultados son la prueba más clara de si oponerse a los centros de datos gana elecciones. Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez pidieron una moratoria nacional; The Guardian no menciona voto, fecha ni audiencia programada sobre eso. Si los demócratas aprovechan esto o los republicanos recuperan la iniciativa, en palabras del propio artículo, todavía está por verse.
MS Now le preguntó a una mujer del condado de Hood, Texas — un lugar 80% republicano — si dejaría que el Senado cayera en manos demócratas si eso fuera necesario para frenar los centros de datos. Dijo que sí, y agregó que toda su comunidad iba a romper filas. La gente que gasta miles de millones modelando curvas de consumo eléctrico y suministro de chips no modeló esa frase.
Fuentes: The Guardian (Aaron Regunberg), "The datacenter backlash is bringing the entire political spectrum together – against big tech billionaires", 30 de agosto de 2026.
Tres de cada cuatro estadounidenses ya rechazan un centro de datos cerca de casa, más de 500 condados aprobaron prohibiciones, y eso ya está tumbando carreras políticas: la construcción de infraestructura de IA no choca con el dinero, choca con los vecinos.
Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos · correcciones