El 61% quiere frenar los centros de datos de IA. Menos del 1% votará por eso
Una encuesta de The New York Times y la Universidad de Siena encontró que seis de cada diez votantes probables se oponen a construir centros de datos para IA. Los mismos votantes ubicaron el tema por debajo del uno por ciento cuando se les preguntó qué decide su voto. Los dos números son reales, y el segundo explica por qué el cemento se sigue vertiendo.
La pregunta fue tan directa como puede serlo una encuesta: ¿apoya o se opone a la construcción de centros de datos para IA? De 1.503 votantes probables consultados a comienzos de septiembre por The New York Times y la Universidad de Siena, el 61% dijo que se opone. Solo el 14% dijo apoyarlo con fuerza. No es un país indeciso.
Lo interesante son los motivos. El más común fue el medioambiente y el uso del agua, con 32%. El impacto en las comunidades locales quedó segundo, con 21%. La desconfianza o el rechazo general hacia la IA —lo que más preocupa a la industria— quedó tercero, con 18%. Las preocupaciones regulatorias sumaron 10%, la economía 9%. La gente no está discutiendo principalmente sobre robots. Está discutiendo qué le hace un edificio gigante al agua del lugar donde vive.
Ahora pongamos ese dato junto al otro número de la misma encuesta. Cuando a esos votantes se les preguntó qué va a decidir realmente su voto en las elecciones legislativas, la IA y los centros de datos aparecieron en menos del uno por ciento en casi todos los grupos. Las respuestas principales fueron la economía, la política exterior, la inflación y la oposición a Trump y los republicanos. Así que el rechazo es enorme y casi no pesa al mismo tiempo: un político que lo ignora no pierde nada en las urnas, porque nadie vota por eso.
Amplio, ruidoso, y sin peso.
Y empeora para quien espera que esto se convierta en un movimiento. Incluso entre quienes dijeron oponerse a los centros de datos, el 56% pedía límites y solo el 38% pedía una prohibición total. Los límites son algo con lo que una empresa puede convivir: promete usar menos agua, muda el sitio, financia algo para la comunidad, y la obra sigue. Una prohibición es la única respuesta que detiene un proyecto. Menos de cuatro de cada diez opositores la piden.
Y no hay un partido a quien castigar. Los votantes de Trump en 2024 se dividieron casi parejo: 49% a favor, 45% en contra. Los votantes de Harris se opusieron en un 74%, y quienes no votaron en absoluto se opusieron en un 67%. Al preguntarles en qué partido confían para manejar el tema, 554 encuestados le dieron a los republicanos 42% y a los demócratas 40%: una diferencia tan chica que es ruido estadístico. Cuando los dos bandos miden igual, ninguno tiene motivo para moverse primero.
Cualquiera que viva en un pueblo donde se propone uno de estos proyectos —el impacto en las comunidades locales fue el segundo motivo más citado para oponerse, y eso es una sala específica en un condado específico, no una idea abstracta. Y los jóvenes de 18 a 29 años, el único grupo donde la IA y los centros de datos lograron entrar en la lista de temas decisivos, con apenas 3%. Es la generación a la que le dicen que ahí están yendo los empleos, y también es la generación que alquila en los lugares donde pesa el argumento del agua. Tres por ciento es poco. También es el número más alto de toda la encuesta, y es de ellos.
La encuesta se hizo a comienzos de septiembre, antes del debate reciente sobre frenar el desarrollo de la IA, así que no sabemos si esa conversación movió alguno de estos números. The New York Times y la Universidad de Siena no anunciaron una nueva medición ni dieron fecha para repetirla. Lo que hay que mirar es si ese 38% que pide prohibición total crece o se mantiene igual. El apoyo que pide límites se negocia. El que pide prohibición, no.
Todos van a citar el 61%. Nosotros preferimos mirar el 38%. Un país puede estar mayoritariamente en contra de algo y aun así construirlo, siempre que la mayoría de los que protestan se conforme con una versión más chica. La pregunta no es si la gente está enojada. Es si alguien está lo bastante enojado como para cambiar su voto por eso.
Fuentes: The Verge, 15 de septiembre de 2026 (Richard Lawler), sobre datos de la encuesta publicados por The New York Times y la Universidad de Siena.
Seis de cada diez votantes rechazan que construyan centros de datos cerca de sus casas, y el motivo principal no es un miedo abstracto a la IA sino el agua y la electricidad —es decir, la factura y la canilla de su propia cocina—; y sin embargo, a la hora de decidir el voto, la IA pesa menos del uno por ciento, y esa brecha es la que explica por qué la obra sigue avanzando pese a las protestas.
Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos · correcciones