El 75% de los estadounidenses no quiere un centro de datos cerca de su casa. La respuesta que les dieron: la culpa es de China
Hace un año, el 42% de los estadounidenses decía que se opondría a un centro de datos en su zona. Ahora es el 75%. En lugar de preguntarse por qué, algunos líderes tecnológicos y políticos encontraron una explicación más sencilla: bots chinos.
En algún lugar cerca de usted, alguien quiere construir una nave llena de computadoras. Necesita terreno, agua y muchísima electricidad, y da trabajo a menos gente que un supermercado. Las encuestas muestran que hasta el 75% de los estadounidenses se opondría a que se construya uno en su zona, frente al 42% de hace apenas un año. Eso es raro en la vida pública de Estados Unidos: un tema en el que tres de cada cuatro personas coinciden.
A fines de agosto, X dijo haber encontrado 200 cuentas vinculadas a China que difundían mensajes contra los centros de datos. Axios tituló que "China está alimentando en secreto la furia de Estados Unidos contra los centros de datos". El presidente Donald Trump publicó en Truth Social que "China no podría estar más feliz con este movimiento anti Data Center", y agregó: "¡que reinen los Data!". La historia viajó rápido. La evidencia detrás no viajó con ella.
Esta es la parte que se perdió en el camino. X dijo que esa misma granja de bots tenía 200.000 cuentas en total. Las 200 contrarias a los centros de datos eran una gota en el océano: apenas una de cada mil cuentas. Y OpenAI, que en junio había bloqueado un grupo parecido y lo vinculó al gobierno chino, escribió en su propio informe que esas cuentas simplemente aprovechaban un descontento que ya existía. No lo crearon. Se subieron a él.
Graphika, una firma que analiza redes sociales y sigue de cerca el humor en línea sobre los centros de datos, le dijo a WIRED en junio que la mayor parte de la oposición que había detectado era local, nacida en el propio país. Esta semana, su vicepresidente de inteligencia, Tyler Williams, dijo que eso no cambió: sigue habiendo muy poca evidencia de una intervención extranjera significativa.
El enojo es local. La explicación fue importada.
Por qué importa esto más allá de la discusión en sí: cuando la industria decide que su queja es un mensaje extranjero, nunca tiene que responderla. La factura de la luz, el agua, el hecho de que un centro de datos terminado emplea a muy poca gente: nada de eso se discute, porque oficialmente usted no lo pensó por su cuenta. Ese es el mecanismo que hay que vigilar. Un movimiento etiquetado como influencia extranjera pierde el derecho a que le contesten.
A cualquiera cuyo pueblo esté en la lista corta para uno de estos edificios, y esa lista se sigue alargando. También golpea a quienes recién empiezan: el Financial Times contó cómo la inteligencia artificial disparó el desempleo entre los recién graduados universitarios en Texas, uno de los estados con más centros de datos en construcción. Así que alguien de 23 años en Texas se queda con las líneas de alta tensión, el tráfico y, al mismo tiempo, un mercado laboral peor. Y también toca a quienes ya trabajan adentro de esos edificios: Paresh Dave, de WIRED, contó el plan de Meta de armar una fuerza laboral de robots dentro de los centros de datos. Señaló que algunos centros tienen comedores con personal de cocina completo, y que a medida que los sitios se automatizan, los operadores también ahorran en comida y limpieza. Esos no son puestos de ingeniería los que desaparecen. Son cocineros y personal de limpieza.
Según WIRED, hacia el año legislativo 2026-2027 viene una ola enorme de nuevas leyes estatales sobre centros de datos, de acuerdo con The Washington Post: ahí se va a ver si el enojo se convierte en normas. Hay que mirar también Arkansas, donde la empresa eléctrica Entergy intentó conseguir una orden judicial contra el diario Arkansas Democrat-Gazette después de que publicara detalles de un acuerdo por un centro de datos con Google, obtenidos mediante una solicitud de acceso a registros públicos, y arrastró a los tribunales a la joven madre que había pedido esos documentos. El bloguero Andy Masley pidió públicamente cualquier información sólida de origen interno sobre la supuesta intervención china; dice que hasta ahora no llegó nada concreto. No se dio ningún plazo para nada de esto.
Funcionarios de la administración Trump se quejan de que empresas chinas roban avances estadounidenses en inteligencia artificial. Al mismo tiempo, según el relato oficial, China estaría trabajando para frenar los edificios que entrenan a esos mismos modelos. Las dos cosas no pueden ser la prioridad a la vez. "A los estadounidenses muchas veces les resulta más fácil culpar a un otro difuso que mirarse a sí mismos", dice Louise Matsakis, de WIRED. La próxima vez que un intendente le diga a una sala llena de gente que la oposición viene de afuera, pregunte quién hizo el conteo.
Fuentes: WIRED, "Why China Is the Bogeyman Data Center Enthusiasts Just Can't Quit", por Molly Taft, 6 de septiembre de 2026.
La proporción de estadounidenses dispuestos a oponerse a un centro de datos cerca de su casa pasó del 42% al 75% en un año, y en vez de responder a eso, la industria y los políticos le echan la culpa a bots chinos, aunque los analistas dicen que la protesta es casera.
Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos · correcciones