La IA tomó notas en su consulta. Y escribió una enfermedad que ella no tenía
Una mujer leyó el resumen de su propia visita al hospital y encontró un diagnóstico de daño nervioso grave. La palabra que la IA se saltó fue "null". Ella lo notó. Su médico, no.
Un escriba de IA es un software que está presente en la consulta, escucha la conversación entre el paciente y el médico, y después redacta las notas. El NHS de Inglaterra los está implementando a toda velocidad: los médicos de cabecera y los especialistas de hospital ya usan 27 programas distintos. La idea es simple: que el médico mire al paciente en lugar de mirar el teclado.
Entonces Healthwatch England, el organismo oficial que defiende a los pacientes dentro del NHS, empezó a recopilar lo que los pacientes encontraban en esas notas. Una mujer —ella misma profesional de salud del NHS, que pidió no ser identificada— leyó el resumen de su consulta y vio que tenía desmielinización: un daño nervioso grave que puede derivar en esclerosis múltiple. Preguntó por eso. El hospital corrigió el registro a lo que debía decir desde el principio: "null demyelination" (sin desmielinización). Es decir, no la tenía. "Esto finalmente se corrigió, pero fue una experiencia muy traumática que me dieran un diagnóstico incorrecto por culpa de la IA y que después me dijeran que era un error de tipeo", dijo.
En otro caso, la IA confundió el medicamento que le había recetado su médico de cabecera con otro de nombre parecido. De nuevo, quien lo detectó fue la paciente, no el médico. En un tercer caso, una carta del hospital omitió la indicación de renovar con el médico de cabecera la receta de la medicación para la migraña, lo que podría haber dejado a esa persona sin poder conseguir sus pastillas.
Healthwatch dice que ha escuchado "múltiples historias de pacientes que notaron estos errores cuando un profesional de salud no lo hizo". Esa frase es toda la historia. La red de seguridad de esta tecnología debía ser el médico leyendo la transcripción. En estos casos, la red fue el paciente.
Aquí está la parte que se queda grabada. Una nota equivocada no es un error de cinco minutos: entra en tu historia clínica y se queda ahí. Healthwatch advierte que las inexactitudes "pueden persistir en los registros si el paciente no las detecta". Cada médico que abra ese archivo en el futuro leerá el error como un hecho, y nadie sabrá que fue una máquina quien lo puso ahí.
Y no hay un árbitro nacional. La Medicines and Healthcare products Regulatory Agency (MHRA) decidió no clasificar a los escribas de IA como dispositivos médicos, lo que significa que no existe una supervisión a nivel de toda Inglaterra sobre si son seguros o eficaces. Un escáner de hospital se revisa. El software que escribe lo que encontró el escáner, no.
Lo que lee tu cuerpo está regulado. Lo que escribe lo que vio, no.
Cualquiera que alguna vez haya ido al médico y nunca haya abierto su propio historial clínico —que es la mayoría de las personas menores de 40 años, porque ahí no había nada que valiera la pena leer—. Eso cambia en el momento en que un software empieza a completarlo: tu historial ahora lo escribe un sistema que de vez en cuando inventa cosas. También toca a quienes van a pasar su vida laboral con esto: los estudiantes que hoy eligen medicina o enfermería, cuya descripción de puesto ahora incluye, en silencio, corregirle la plana a una máquina. Dr. Shier Ziser Dawood, profesional de medicina general en Londres, escribió en el British Journal of General Practice que, como los médicos deben revisar cada transcripción en busca de errores, estas herramientas todavía no ahorran tiempo —y que la confianza de los directivos del NHS en ellas podría hacer que se espere que los médicos de cabecera atiendan dos pacientes más por día.
Healthwatch pidió una cosa concreta: claridad sobre cómo los pacientes pueden reportar y conseguir que se corrijan los errores cometidos por las herramientas de escritura por IA o por los profesionales que las usan. Ese mecanismo todavía no existe, y no se dio ninguna fecha para crearlo. La otra pregunta abierta es si la Medicines and Healthcare products Regulatory Agency revisa su decisión de no tratar estas herramientas como dispositivos médicos. También se advirtió a los ministros que el NHS y el personal médico podrían ser demandados por errores cometidos por la IA. No se mencionó ningún plazo para nada de esto.
La Dra. Charlotte Blease, de la Universidad de Uppsala, encuestó a 1.003 médicos de cabecera del Reino Unido. Más de la mitad pensaba que los registros escritos por IA eran más precisos que los que ellos mismos redactaban. Puede que tengan razón —como dice ella, los médicos también se equivocan sin ayuda de la IA, y la tasa de error podría ser peor sin ella—. Pero esa confianza tiene un efecto secundario: cuanto más confías en la nota, con menos cuidado la lees. Y eso deja al paciente como la última persona que revisa.
Fuentes: The Guardian, 31 de agosto de 2026 — "Doctors' AI scribes get names of drugs and diagnoses wrong, NHS watchdog warns" (Denis Campbell), a partir de los hallazgos de Healthwatch England; Dr. Shier Ziser Dawood en el British Journal of General Practice; investigación de la Dra. Charlotte Blease, Universidad de Uppsala.
Los escribas de IA en clínicas británicas ya están anotando diagnósticos erróneos y medicamentos equivocados en las historias clínicas —y son los propios pacientes, no los médicos, quienes detectan los errores, mientras el regulador se negó a considerar estos programas como dispositivos médicos.
Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos · correcciones