10.000 agentes de IA, 88 horas y una pregunta muy incómoda sobre de quién era el trabajo
OpenAI dice que sus máquinas resolvieron un problema matemático que resistió casi un siglo. Un matemático dice que su demostración inconclusa estaba guardada en los servidores de OpenAI en ese mismo momento.
Hay una lista corta de problemas matemáticos tan difíciles que resolver uno da derecho a un millón de dólares. El Clay Mathematics Institute publicó siete de ellos, llamados los Problemas del Milenio, para marcar los acertijos más grandes sin resolver de la disciplina. El martes OpenAI dijo haber resuelto uno: Navier-Stokes, las ecuaciones que describen cómo se mueven el aire y el agua. Cerca de 10.000 agentes de IA —sistemas que trabajan solos, sin que nadie escriba instrucciones— atacaron el problema al mismo tiempo y llegaron a la respuesta en 88 horas.
Y ahí la historia dio un giro. Tristan Buckmaster, profesor en la Universidad de Nueva York, dijo que OpenAI aceleró su propio trabajo después de enterarse de que él y un investigador de Anthropic, una empresa rival de OpenAI, estaban cerca de anunciar su propio avance. Ese trabajo en curso, según Buckmaster, estaba guardado en Codex, el modelo de OpenAI para escribir código. Es decir: estaba en los servidores de la misma compañía que después anunció la respuesta primero.
Empecemos por lo que la máquina realmente hizo, porque es genuinamente extraño. Navier-Stokes pregunta si las ecuaciones que usamos para describir fluidos en movimiento alguna vez dejan de funcionar. Todo pronóstico del clima, toda ala de avión, toda simulación de agua en una tubería se apoya en ellas. La demostración de OpenAI sugiere que sí fallan: bajo ciertas condiciones las ecuaciones "explotan", y la velocidad del fluido se vuelve infinita de forma imposible. Casi cien años de matemáticos humanos no lograron resolver esto. Un enjambre de software lo resolvió en un fin de semana largo, y a GPT-6 Astra le tomó unas 17 horas revisar la respuesta.
Ahora la parte incómoda. Buckmaster es cuidadoso, inusualmente cuidadoso. "No sé qué hizo su modelo, ni cómo. No sé si se usaron nuestros datos. No estoy acusando a nadie de nada", escribió en su sitio web. Sebastien Bubeck, investigador de OpenAI, negó en una conferencia de prensa que la empresa haya usado el trabajo del dúo o accedido a material en sus servidores. Pero el propio comunicado de OpenAI dice que no puede descartar que los datos del uso que ambos investigadores hicieron de sus productos "ayudaran a mejorar nuestros modelos". Dos frases, las dos de OpenAI, conviviendo con cierta incomodidad.
Esa es la mecánica que vale la pena llevarse, y no tiene nada que ver con matemáticas. Todo lo que uno escribe en una herramienta de IA queda guardado en la computadora de otro. Si tu trabajo inconcluso vale algo, la empresa que lo guarda no es un archivero neutral: puede ser un competidor. Dos investigadores en la cima de su campo aprendieron esto en público. El resto lo aprende en silencio, o nunca.
La demostración puede sostenerse. La pregunta sobre la confianza le va a sobrevivir.
Cualquiera que redacte un borrador en un chatbot antes de terminarlo: una tesis, un plan de negocio, el código de un proyecto propio, una propuesta. Sobre todo estudiantes, cuyo trabajo sin publicar va a parar a una empresa que también fabrica productos —nadie dijo qué pasa si esa empresa llega primero. Y también quien esté eligiendo ahora qué estudiar: si un enjambre de agentes puede cerrar un problema de un siglo en 88 horas, el valor de "puedo resolver problemas difíciles" se está recalculando mientras vos todavía elegís la carrera.
Hay dos cosas para seguir. OpenAI dijo que no piensa reclamar el millón de dólares del Clay Mathematics Institute, así que la vía habitual de verificación no se activa por iniciativa de la empresa: que otros matemáticos confirmen la demostración es la primera prueba real. La segunda es Buckmaster y su coautor: estaban a punto de anunciar su propio avance, y si aparece, y qué dice, es algo que nadie tiene agendado todavía. No se dio fecha para ninguna de las dos cosas.
OpenAI se está preparando para una salida a bolsa que podría valuarla en cerca de un billón de dólares. Y dejó pasar un millón de dólares. Eso dice para qué era en realidad el anuncio, y no era por el premio.
Fuentes: The Guardian, "OpenAI claims to have solved maths problem that stumped humans for decades", de Ian Sample y Dan Milmo, 8 de septiembre de 2026.
Una máquina cerró en 88 horas un problema que resistió casi cien años, y de inmediato surgió la duda de si había espiado un trabajo ajeno guardado en los propios servidores de OpenAI.
Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos · correcciones