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39 escritos presentados al parlamento de Australia citaron estudios que no existen

Una psicóloga de Queensland encontró su nombre puesto en un estudio que jamás escribió. Ese estudio ya estaba archivado en una investigación parlamentaria sobre violencia familiar y suicidio — y la IA de Google lo resumía tranquilamente como si fuera real.

Cuando un parlamento quiere redactar una ley, pide a la gente que envíe pruebas por escrito. Expertos, organizaciones, ciudadanos comunes. Esos documentos los lee un comité, se citan en informes y terminan convertidos en política pública. Guardian Australia revisó todos los escritos presentados al parlamento actual y comprobó si los estudios que citaban existían de verdad.

Al menos 39 de ellos citaron investigaciones que parecen inventadas. Algunos tenían un par de citas falsas. En otros, no existe ni una sola de las referencias mencionadas. Los autores eran personas y organizaciones de todo el espectro político. Más de 100 documentos contenían etiquetas de URL de ChatGPT — esas marcas pequeñas que la plataforma pega a los enlaces que entrega, y que sobreviven a un copiar y pegar.

Qué significa

Aquí está la parte que convierte un papelón en un problema serio. Divna Haslam, profesora asociada y psicóloga clínica de la Universidad de Queensland, encontró una referencia atribuida a ella que nunca escribió, con las conclusiones de su equipo tergiversadas. Dijo que le dio "miedo" porque parecía tan real que cualquiera que la mirara por encima podía creérsela. Después la buscó. El resumen de IA de Google presentaba la referencia falsa como si fuera un artículo real.

Ese es el círculo. Una IA inventa un estudio. Alguien lo presenta ante el parlamento. Los buscadores con resúmenes de IA describen entonces el estudio inventado como genuino — y a veces citan el propio escrito parlamentario como fuente. La mentira consigue una nota al pie, y la nota al pie señala de vuelta a la mentira.

La forma tradicional de detectar una cita falsa era buscarla y no encontrar nada. Esa comprobación ya no funciona.
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Y las alucinaciones no son un error que alguien vaya a corregir con una actualización. Como explica Guardian, estos sistemas predicen el siguiente fragmento de texto más probable; no tienen ninguna capacidad propia para distinguir lo correcto de lo incorrecto. Más datos de entrenamiento y más búsqueda en la web bajan la tasa de error. Nunca la eliminan del todo.

A quién le afecta

Cualquiera que alguna vez pegó una respuesta de IA en algo que importaba — una solicitud de trabajo, un trabajo universitario, un reclamo a una aseguradora, un mensaje al dueño de su departamento — y no revisó los enlaces al final. Más de 100 documentos de este caso llevaban etiquetas de ChatGPT, lo que significa que ni siquiera quienes los escribieron borraron el rastro. Esto también afecta a cualquiera que asuma que el resultado que aparece arriba en el buscador resume algo real. Y golpea más fuerte a quienes viven de su nombre: un investigador, un freelance, cualquiera que esté construyendo una reputación en internet. Haslam invirtió tiempo, dinero y conocimiento en una investigación rigurosa, y después vio cómo una máquina le puso el nombre a conclusiones a las que nunca llegó. Por ahora no existe un botón que pueda apretar para deshacer eso.

Qué viene ahora

Algo concreto para seguir de cerca: si los procesos de investigación parlamentaria consiguen alguna forma de corregir errores después del plazo de cierre. Drilldown Reports, autora del escrito que citó mal a Haslam, le dijo a Guardian Australia que había detectado los errores en un escrito posterior — pero el plazo para corregirlos ya había pasado. Así que la versión equivocada es la que queda archivada. Más allá de eso, Guardian plantea como pregunta abierta si los gobiernos tienen las herramientas y los recursos para siquiera identificar errores generados por IA. No se anunció ningún plazo, ninguna revisión, ninguna solución con nombre y apellido.

Un detalle para no soltar

El método de Guardian solo detecta documentos que tienen referencias. Un escrito redactado enteramente por una IA y sin ninguna cita pasaría totalmente invisible. El 39 es el piso, no el techo — y nadie sabe dónde está el techo.

Fuentes: Guardian Australia / Guardian Technology, "'Scary': how misinformation and AI hallucinations are infiltrating Australia's parliament", de Nick Evershed, Ariel Bogle y Mike Hohnen, 31 de agosto de 2026.

Por qué lo publicamos8/10

El parlamento de Australia está tomando decisiones apoyado en decenas de documentos con estudios inventados, y los buscadores con resúmenes de IA repiten esas invenciones como si fueran reales — la mentira se cierra en círculo y termina metida en leyes que afectan a todos.

Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos  ·  correcciones

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