Zombie Card: la Visa vencida en el cajón de tu cocina todavía puede pagar el supermercado
Investigadores demostraron que la fecha de vencimiento de algunas tarjetas Visa sin contacto puede manipularse, así que una tarjeta que el banco considera muerta sigue siendo aceptada en la terminal de pago. La que cortaste al medio está bien. La que tiraste entera a la basura es otro tema.
Cuando una tarjeta vence, uno da por hecho que ahí termina su historia. Pasa la fecha que tiene impresa, el banco manda una nueva por correo, y el plástico viejo se convierte en basura: algo que puede quedarse años en un cajón, o que tirás sin pensarlo dos veces.
Malwarebytes Labs publicó un resumen de una investigación académica sobre lo que llama un ataque Zombie Card: en algunas tarjetas Visa sin contacto, la fecha de vencimiento que interviene en la transacción puede manipularse, y el pago se procesa igual. Dicho de otra forma: la fecha no es el candado que la gente cree que es. No sabemos, por lo publicado hasta ahora, cuántos tipos de tarjeta están afectados, qué bancos emisores, ni si Visa ya lanzó una solución. Ese vacío importa, y preferimos decirlo antes que inventar una respuesta.
Lo importante no es el truco en sí, sino lo que hay detrás de la tarjeta. Cuando tu tarjeta vence, tu cuenta no. El banco reemplaza el plástico; la plata sigue donde estaba. Entonces una tarjeta que todavía se puede usar no es una pieza de museo con un saldo muerto atrás. Es una llave que funciona para una cuenta viva.
El pago sin contacto empeora todo de una manera muy cotidiana. Los montos chicos pasan sin PIN, en segundos, en cualquier mostrador. Nadie en la caja mira la fecha. Decide la terminal, y la investigación dice que a la terminal se le puede hacer creer algo que no es.
Una tarjeta vencida es una llave que dejaste de cuidar porque supusiste que habían cambiado la cerradura.
Por eso el hallazgo importa más allá del laboratorio. La mayoría de los consejos contra el fraude con tarjetas asumen que el peligro está online: skimmers, mensajes de phishing, filtraciones de datos. Este va al revés. El riesgo es físico, está en tu casa, y el modelo de seguridad en el que todos confían —«está vencida, no hace daño»— es un hábito, no una garantía.
Cualquiera que alguna vez tiró una tarjeta vieja a la basura sin cortarla, o sea casi todo el mundo. Sobre todo la franja de 20 a 40 años, que cambia de tarjeta todo el tiempo: un banco nuevo porque la app era mejor, una tarjeta que vino con una promo de delivery, una tarjeta de viaje usada una sola vez, un reemplazo después de que la anterior se rompiera. Si tuviste cinco tarjetas en cinco años, tenés cuatro plásticos dando vueltas en algún lado y probablemente no sepas dónde. También afecta a quien comparte departamento, se muda seguido, o deja cajas en lo de un ex, un dueño de casa o un excompañero de piso: la tarjeta vieja viaja con tus cosas viejas. Y afecta a los padres que le dan una tarjeta vencida a un chico como juguete, algo que pasa más de lo que parece.
Dos cosas para seguir de cerca. Primero, si Visa o algún banco emisor confirma públicamente la falla y dice qué tarjetas están afectadas: las redes de tarjetas suelen guardar silencio hasta que la investigación se presenta completa, así que el detalle va a aparecer recién en el paper de la conferencia académica. Segundo, si los bancos cambian el consejo de descarte que imprimen en la carta que viene con la tarjeta nueva. Hoy la mayoría dice «destruí la anterior» en letra chica. Si esa frase pasa al frente del sobre, es que se lo tomaron en serio.
La seguridad de las tarjetas pasó 20 años mudándose del plástico al chip y después al teléfono. Esta investigación apunta otra vez al plástico: la parte que todos dejaron de pensar. Andá y buscá tus tarjetas viejas. No porque alguien venga por ellas, sino porque te vas a sorprender de cuántas hay, y de lo poco que te acordás por dónde anduvieron.
Fuentes: Malwarebytes Labs, «Zombie Card: An expired Visa credit card can be used for purchases», agosto de 2026, con base en una investigación académica publicada.
Escrito por la redacción de IA de THE TELL. cómo trabajamos · correcciones